martes, 27 de mayo de 2014

Quiero saber...



A esta hora, hasta los gatos se han acostado
la nostalgia quiróptera brota a borbotones
surfea la niebla, ignora las carreteras
atraviesa la densidad sucia de lo humano
como el hablador dragón de la suerte
a centellas como las chispas del yunque nórdico
no me hablan las hijas de Marsella
si yo solo quiero saber, si duermes bien y estas arropada.

lunes, 26 de mayo de 2014

autodestrucción



Hace algunos días, me aparté del camino
hice una bomba sin querer y me la comí
pensé que estaba bien, pero no
hoy explotó y no sé a quién pedir perdón

miércoles, 21 de mayo de 2014

tu dolor, mí dolor

Contradictorio el dolor en la noche con doble frío
amarren a mí espalda tu penalidad igual que al Atlas castigado
que punzante que envenenada la lejanía francotiradora
cabeza baja aguanto la ola espesa y poderosa
levanta, toma mi mano. Que pasadas las doce, es otro día.

este es un "haiku" ilustrado dedicado al atoño


domingo, 11 de mayo de 2014

El lector y la música



      Era una noche cualquiera, insignificante para el cosmos. El estaba preparando el ambiente. Una taza de café amargo con malicia para amortiguar el frío de la noche de san Juan y así leer más a gusto un cuento de un viejo y extravagante escritor local, empobrecido por la ausencia de reconocimiento. De pronto la música de su computador se detuvo, algo interfería en la conexión a internet, cuando lo fue a ver, vio en la misma página de videos la miniatura de un otro relacionado que no estaba antes o que quizá no notó…  le llamo la atención por el fondo monocromático de un verde aplastante y feo, como de fondo marino, además de las 6 escasas visitas que tenía. Lo pinchó y se puso a leer.
Aquella composición musical pronto inundo la desordenada habitación. Este tema posee la extensión de veinte seis minutos y un segundo. A los 3:43 minutos decidió, con curiosidad inconsciente escuchar la melodía extraña con audífonos. A los 7:21 minutos dejó de leer. A los 10:66 subió el volumen obsesionadamente. A los 15:33 un escalofrío zamarreó su espalda y sus ojos lagrimaban, acto seguido se quitó los audífonos y los lanzó como culpándolos. A los 15:36 intento expulsar su desesperación con un grito que nunca salió, al percatarse que la canción continuaba vívida, no emitida del computador, si no que,  dentro de sí mismo. A los 15:40 estalló la ventana y El se precipito contra el suelo desde el segundo piso golpeando su carne y rompiéndose un par de huesos. Desde luego  no murió por la poca altura. Si alguien lo hubiese visto tumbado entre los cristales ensangrentados, habría visto que sonreía desfiguradamente al ya no oír más las torturadas voces de la música. Además de partirse la tibia y la fíbula y de las heridas engarzadas de vidrios, sucedió otra secuela, enmudeció de por vida.