Todavía oyes en
tus viajes
la flauta de pan
con la misma melodía
que eriza tus
pechos, entreabre tus labios
y suaviza tu ceño.
Preguntas con los
dedos
¿Cómo estás?
A veces hay
respuesta, otras no.
Así, cada vez que
mires a la tierra
él mirará al
espacio
siendo unos cabos
malditos
que por más vueltas
que se den
nunca amarran
nada.
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